 El occidente de Asturias es apacible, parece sumido en un agradable letargo. El rocío del despertar del cielo y la brisa de las extensas playas humedecen las interminables praderas del interior y nos dejan bellísimas imágenes grabadas en la memoria. Y es, precisamente, en las rocosas playas del occidente donde vemos el Atlántico en su estado más puro, un mar rugiente y fiero, que manda al cielo montes de espuma y luego, manso, besa la arena. La quietud sana de los pueblos de pescadores nos invade al recorrer la zona. Parece que las gentes disfrutan de la vida con calma. |
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El centro es la zona más vital, porque en ella se funden y se abrazan varias ciudades y pueblos, diferentes historias y tiempos. Pero el centro de Asturias es mucho más: los Valles Mineros del Caudal y del Nalón, donde se encuentra el famoso Museo de la Minería o la estación de esquí de Fuentes de Invierno, los parques naturales de Somiedo y Redes, la Senda del Oso, donde viven las osas Paca y Tola y el Parque de la Prehistoria de Teverga. |
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El oriente de Asturias es una creación romántica, un hechizo que nos muestra un paisaje exuberante de abundantes contrastes. A veces bucólicos, a veces salvajes, pero siempre con el verde y el agua como protagonistas; desde las playas arenosas de agua cristalina, pasando por las sierras boscosas, hasta los frondosos valles de los Picos de Europa rodeados de majestuosas cimas nevadas. Una naturaleza llena de encantos que seduce y crea adicción. |
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