Paisajes Asturianos

El Occidente

El occidente de Asturias es apacible, parece sumido en un agradable letargo. El rocío del despertar del cielo y la brisa de las extensas playas humedecen las interminables praderas del interior y nos dejan bellísimas imágenes grabadas en la memoria. Y es, precisamente, en las rocosas playas del occidente donde vemos el Atlántico en su estado más puro, un mar rugiente y fiero, que manda al cielo montes de espuma y luego, manso, besa la arena. La quietud sana de los pueblos de pescadores nos invade al recorrer la zona. Parece que las gentes disfrutan de la vida con calma. Puede que sea por su origen celta, que podemos observar en castros, tradiciones ancestrales y festejos populares. Los caminos forestales, por bosques y paisajes sorprendentes, permiten una gran variedad de excursiones donde podemos encontrar desde dólmenes milenarios hasta praderas llenas de silencio y paz, e incluso atrevernos a batear buscando oro en Navelgas. Las Reservas de la Biosfera de Muniellos, Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias y la Comarca Oscos-Eo son algunos de los rincones del occidente que más sorprenden al visitante.
Casas cubiertas con pizarra, de laberínticos corredores y galerías acristaladas, hórreos singulares, de tipología diferenciada del resto de Asturias, castros prerromanos como los de San Chuis o el magnífico Chao Samartín, fundado durante el siglo viii a.C., y el muy visitado de Coaña, iglesias, ermitas y monasterios como el de Corias, palacios como el de los Selgas, el Museo Etnográfico de Grandas de Salime y casonas indianas: visitar el occidente de Asturias es descubrir una de las pocas zonas de España donde el turismo no ha roto el encanto y la armonía de sus paisajes, ni ha cambiado el carácter de sus habitantes. Gentes sencillas y hospitalarias para las que el turista es un amigo que viene a pasar unos días a su casa.

El Centro

El centro es la zona más vital, porque en ella se funden y se abrazan varias ciudades y pueblos, diferentes historias y tiempos. Pero el centro de Asturias es mucho más: los Valles Mineros del Caudal y del Nalón, donde se encuentra el famoso Museo de la Minería o la estación de esquí de Fuentes de Invierno, los parques naturales de Somiedo y Redes, la Senda del Oso, donde viven las osas Paca y Tola y el Parque de la Prehistoria de Teverga. Por eso es tan difícil asociar la zona central de Asturias con una imagen definida, y por eso atrae tanto al turista ávido de monumentos y edificios grandiosos como al visitante pausado que sabe paladear lentamente los pequeños tesoros escondidos. En la costa, recortada y sinuosa, se alternan playas, bahías, islotes, dunas eólicas como las de Xagó, cabos como el de Peñas y pequeños y grandes puertos pesqueros. Los ríos Nalón y Caudal han dejado atrás su fama de contaminación, para convertirse en fuentes de agua viva llenas de truchas. En Mieres del Camino está el mejor coto de «pesca sin muerte» de España. La gran superficie del Parque Natural de Redes es ocupada por bosques de hayas y castaños, entre los que se esconden urogallos, ciervos y osos pardos. Pero toda la zona central es un medio natural rico y bello, desde el fondo de los valles a las cumbres con más de 2.000 metros como Peña Ubiña y Los Fontanes. También son bellas sierras como la del Aramo con el famoso Gamoniteiru, La Gamonal o la mítica cima ciclista de L’Angliru. Gijón/Xixón, Oviedo y Avilés, tres ciudades plurales donde el patrimonio artístico y cultural milenario no frena el progreso y la innovación. También hay cabida para el relax, que podemos disfrutar en lugares como Talasoponiente, en Gijón, o Las Caldas Villa Termal, en el concejo de Oviedo.

El Oriente

El oriente de Asturias es una creación romántica, un hechizo que nos muestra un paisaje exuberante de abundantes contrastes. A veces bucólicos, a veces salvajes, pero siempre con el verde y el agua como protagonistas; desde las playas arenosas de agua cristalina, pasando por las sierras boscosas, hasta los frondosos valles de los Picos de Europa rodeados de majestuosas cimas nevadas. Una naturaleza llena de encantos que seduce y crea adicción. Los ríos corretean entre los valles remontando de sur a norte llenos de salmones y truchas que dan fe del buen estado de conservación de sus aguas. En la rasa costera, grandes acantilados agujereados por cavernas y subterráneos expulsan a la superficie el agua con un estruendo que les ha bautizado como bufones. El espectáculo es impresionante, las cavernas parecen bufar con la ira de un animal mitológico. A la excepcional naturaleza del oriente se le suman otros muchos atractivos, como el Paraíso Rupestre, ecomuseo que contiene una importante muestra del patrimonio arqueológico del Oriente de Asturias. Mucho más remotas aún son las huellas de dinosaurios que se pueden ver en la costa desde Villaviciosa a Ribadesella. Sin olvidar la herencia espiritual y cultural de Covadonga y la excelente arquitectura popular y noble en casonas, palacios, casas indianas, ermitas, molinos de agua y hórreos. Otras citas ineludibles son los Museos del Oriente de Asturias, del Jurásico o de la Sidra, la Casa del Mar de Llanes o el Archivo de Indianos de Colombres, o las maravillosas rutas senderistas del Cares y del Arcediano. El oriente tiene un pasado agrícola muy importante, que se ve reflejado en su gastronomía, rica en el uso de verduras y frutas, productos lácteos, carnes de caza y pescados. Los platos del oriente están muy arraigados a la zona. Las carnes son habituales, y destaca la buena calidad de los pescados, el marisco del Cantábrico, la gran variedad de quesos, como los famosos Cabrales y Gamonéu y los postres tradicionales.